LA REINA DE LAS ABEJAS -23°-
LA REINA DE LAS ABEJAS
Dos príncipes, hijos de un rey, se fueron un día a buscar aventuras y empezaron a vivir de forma alocada y sin control, así que no volvieron a casa. El hijo menor, al que llamaban El Bobo, se puso en camino para buscar a sus hermanos. Cuando por fin los encontró, ellos se burlaron de él. ¿Cómo pensaba él, siendo tan simple, salir adelante en el mundo cuando ellos, que eran mucho más listos, no lo habían logrado?
Los tres hermanos siguieron juntos y llegaron a un nido de hormigas. Los dos mayores querían destruirlo para divertirse viendo cómo los animalitos corrían asustados para poner a salvo sus huevos. Pero el menor dijo: "Dejen en paz a estos animalitos; no permitiré que los molesten".
Siguieron caminando hasta llegar a la orilla de un lago donde nadaban muchos patos. Los dos hermanos querían cazar algunos para asarlos, pero el menor se opuso: "Dejen en paz a estos animales; no permitiré que los molesten".
Al final llegaron a una colmena silvestre en un árbol, tan llena de miel que esta se derramaba por el tronco. Los dos mayores iban a prender fuego al pie del árbol para ahumar a las abejas y poder quitarles la miel. Pero El Bobo los detuvo, repitiendo: "Dejen a estos animales en paz; no permitiré que los quemen".
Después de un tiempo, los tres llegaron a un castillo donde en los establos había caballos de piedra, pero no había nadie vivo. Recorrieron todas las salas hasta que se encontraron frente a una puerta cerrada con tres cerrojos, pero que tenía una ventanita en el centro por la que se podía mirar dentro. Vieron a un hombre pequeño de pelo gris sentado a una mesa. Lo llamaron una y dos veces, pero no los oía. A la tercera vez se levantó, quitó los cerrojos y salió de la habitación. Sin decir una palabra, los llevó a una mesa llena de comida deliciosa. Después de que comieron y bebieron, los llevó a cada uno a una habitación separada para dormir.
A la mañana siguiente, el hombre pequeño fue a llamar al mayor y lo llevó a una mesa de piedra donde estaban escritos los tres trabajos que tenían que hacer para desencantar el castillo.
El primero decía: "En el bosque, entre el musgo, están las mil perlas de la hija del Rey. Deben recogerlas antes de que se ponga el sol. Si falta una sola perla, quien haya empezado a buscarlas se convertirá en piedra".
El mayor salió y pasó todo el día buscando, pero al atardecer solo había encontrado unas cien perlas. Y le pasó lo que decía la mesa: se convirtió en piedra.
Al día siguiente, el segundo hermano intentó la aventura, pero no tuvo más suerte que el mayor. Solo encontró doscientas perlas y también se convirtió en piedra.
Finalmente, le tocó el turno a El Bobo, que salió a buscar entre el musgo. Pero era muy difícil buscar y las perlas se juntaban muy lentamente. Se sentó sobre una piedra y se puso a llorar. De repente, apareció la reina de las hormigas, a las que él había salvado la vida, seguida de cinco mil de sus hormigas trabajadoras. En un instante, los animalitos juntaron todas las perlas en un montón.
El segundo trabajo era pescar del fondo del lago la llave del dormitorio de la princesa. Cuando El Bobo llegó a la orilla, los patos que él había salvado se acercaron nadando, se sumergieron y, poco después, volvieron a la superficie con la llave que necesitaban.
El tercer trabajo era el más difícil. De las tres hijas del Rey, que estaban dormidas, había que descubrir cuál era la más joven y hermosa. Pero las tres se parecían muchísimo, como tres gotas de agua, sin que se notara ninguna diferencia. Solo se sabía que, antes de dormirse, habían comido diferentes dulces. La mayor, un trozo de azúcar; la segunda, un poco de jarabe; y la menor, una cucharada de miel.
Entonces apareció la reina de las abejas, a la que El Bobo había salvado del fuego. La abeja exploró la boca de cada una de las princesas y, al último, se posó en la boca de la que había comido la miel. Así, el príncipe pudo reconocer a la verdadera princesa.
El hechizo desapareció. Todos despertaron y los que estaban convertidos en piedra volvieron a ser humanos.
Y El Bobo se casó con la princesa más joven y bella, y heredó el trono cuando murió su suegro. Sus dos hermanos se casaron con las otras dos princesas.

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