LA PICARA COCINERA -24°-

 

LA PICARA COCINERA

 


 

Érase una cocinera llamada Margarita, que calzaba zapatos de tacón colorado; y cuando salía con ellos, se contoneaba, muy satisfecha y presumida, y pensaba: ¡Eres una guapa moza!».

Y cuando llegaba a casa, de puro contenta se bebía un trago de vino, y como el vino le abría el apetito, empezaba a probar los guisados que tenía en el fuego, hasta quedarse harta, al tiempo que decía: La cocinera ha de vigilar cómo sabe el guisado.

Un día le dijo su señor:

-Margarita, esta noche vendrá un invitado; prepáreme un par de pollas, que estén bien asadas.

-¡Descuide el señor!-respondió Margarita.

Degolló las dos pollas, las escaldó, las desplumó, las ensartó en el asador y, al anochecer, las puso al fuego para que se asaran. Las pollas comenzaron a dorarse, y el huésped no comparecía por lo que dijo Margarita a su amo:

-Si no viene el invitado tendré que sacar las pollas del fuego, y será lástima no poder comerlas pronto, pues ahora es cuando están más jugosas y en su punto.

-Me llegare yo a buscar al invitado- respondió el dueño. No bien hubo vuelto el amo la espalda, Margarita puso de lado el asador con las pollas, diciéndose: El estar junto al fuego hace sudar y da sed. ¡Sabe Dios cuándo volverán! Mientras tanto, bajaré a la bodega a echar un traguitos. Bajó muy ligera, llenóse un jarro y diciendo: Que Dios te lo bendiga, Margarita, se echó al coleto un buen trago. Eso del vino se pega añadió, y no es bueno cortarlo, y volvió a empinar el codo. Volvió luego a la cocina, puso otra vez las pollas al fuego, bien untadas con mantequilla, y empezó a dar vueltas alegre-mente al asador. El asado desprendía un tufillo de lo más delicioso, y pensó Margarita: Tengo que probarlo, no fuera caso que le faltara algo, y les pasó un dedo y se lo chupó. Caramba- exclamó, y qué buenas son las pollas! Es un pecado y una vergüenza no comérselas cuando están a punto. Corrió a la ventana para ver si llegaban el dueño y su invitado; y como no venía nadie, se volvió a sus pollas y pensó Esta ala se quemará mejor es que me la comas. Cortóla, pues, se la zampó, jy lo bien que le supo! Una vez terminada, se dijo: «Hay que quitar también la otra, para que el señor no note que falta algo». Zampado que se hubo las dos alas, volvió a la ventana; pero el amo no aparecía por ninguna parte. ¡Quién sabe!-se le ocurrió; a lo mejor no vienen; se habrán metido en alguna partes, y al cabo de un ratito: Vamos, Margarita, anímate; una está ya empezada; otro traguito y te la comes entera; verás qué tranquila te quedas. ¿Por qué desperdiciar este don que te hace Dios?. Bajó, pues, a la bodega, echó un buen trago y se comió la polla en buena paz y alegría.

Desaparecida ya la primera, y como quiera que aún no comparecía el señor, mirándose la otra pensó Margarita: Donde está la una debe estar la otra, pues forman pareja, hay que medir a todos con el mismo rasero. Creo que otro traguito no me haría ningún daños. Y otra vez alzó el codo, e hizo seguir a la segunda polla el camino de la primera. Y he aquí que, hallándose en plenas delicias, llega el señor y le grita: -Date prisa, Margarita, que en seguida estará aquí el invitado.


 

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