EL ZORRO Y SU COMADRE -19°-

 

EL ZORRO Y SU COMADRE


 

 

Una loba tuvo un cachorro e invitó al zorro a ser el padrino.

"Es pariente nuestro", dijo la loba, "es inteligente y hábil, podrá enseñarle muchas cosas a mi hijito y ayudarlo a salir adelante en la vida".

El zorro se sintió muy honrado y dijo:

"Mi respetable señora comadre, le doy las gracias por el honor que me hace. Intentaré portarme de manera que siempre esté contenta conmigo".

En la fiesta, el zorro comió muchísimo, se puso alegre y, al terminar, habló así:

"Estimada señora comadre, es nuestro deber cuidar del pequeño. Debe usted conseguir buena comida para que se ponga fuerte. Sé de un corral de ovejas donde podríamos encontrar algo rico".

A la loba le gustó la idea y salió con el zorro hacia la granja. Al acercarse, el zorro le enseñó la casa y le dijo:

"Podrá entrar sin que nadie la vea, mientras yo voy por el otro lado; quizás pueda conseguir una gallinita".

Pero en lugar de ir a la granja, se tumbó en la entrada del bosque, estiró las patas y se puso a dormir.

La loba entró en el corral con mucho cuidado, pero allí había un perro que empezó a ladrar. Los campesinos acudieron y, al encontrar a la señora comadre robando, le dieron una paliza tan grande que no le dejaron un hueso sano. Al final logró escapar y fue a buscar al zorro, quien, con cara de pena, exclamó:

"¡Ay, mi estimada señora comadre! ¡Qué mal lo he pasado! Los campesinos me pillaron y me han pegado muchísimo. Si no quiere que me muera aquí, tendrá que llevarme a cuestas".

A la loba apenas le quedaban fuerzas, pero el zorro le daba tanta pena que lo cargó sobre su espalda y llevó a su compadre, que estaba sano y salvo, hasta su casa. Al despedirse, el zorro le dijo:

"¡Adiós, estimada señora comadre, y que disfrute mucho del asado!", y, riéndose a carcajadas, echó a correr.



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