EL LOBO Y LA ZORRA -14°-
EL LOBO Y LA ZORRA
El lobo y la zorra vivían juntos, y la zorra tenía que obedecer al lobo porque era más débil. Ella quería mucho librarse de su amo. Un día que los dos andaban por el bosque, el lobo dijo:
"Pelirroja, tengo hambre. Búscame algo de comer o te comeré a ti".
La zorra respondió: "Sé de una granja donde hay unos corderos. Si quieres, vamos por uno".
El lobo estuvo de acuerdo, fueron a la granja, y la zorra robó un cordero, se lo llevó a su amo y salió corriendo. El lobo se comió el cordero, pero como no quedó satisfecho, quiso también los demás y fue a buscarlos. Pero lo hizo tan torpemente que la oveja madre lo sintió y empezó a balar muy fuerte y a hacer mucho ruido. Los campesinos corrieron y atraparon al lobo, dándole una paliza tan grande que el lobo llegó a la guarida de la zorra aullando y cojeando.
"¡A buen sitio me llevaste!", se lamentó. "Cuando quise agarrar otro cordero, los campesinos me atraparon y me dejaron hecho polvo".
"¿Por qué tienes que ser tan glotón?", le respondió la zorra.
Al día siguiente volvieron a salir al campo, y el lobo glotón repitió lo mismo: "Pelirroja, tráeme algo de comer o te comeré a ti".
Y la zorra respondió: "Conozco una casa de campo donde hoy la mujer está friendo buñuelos. Vamos a buscar unos cuantos".
Fueron a la casa, y la zorra se movió por los alrededores, espiando y olfateando hasta que encontró dónde estaban los buñuelos. Cogió media docena y se los llevó al lobo.
"Ahí tienes para merendar", le dijo, y se marchó. El lobo se comió los buñuelos de un bocado y dijo: "Saben a más".
Entró en la despensa y se lanzó sobre la fuente de buñuelos, pero tuvo tan mala suerte que la fuente se cayó al suelo y se rompió con mucho ruido. La mujer oyó el ruido y, al ver al lobo, llamó a la gente. Todos vinieron corriendo y le dieron al animal una paliza tan grande que tuvo que huir cojo de dos patas. En muy mal estado llegó a la madriguera de la zorra.
"¡Maldito lugar al que me llevaste!", le gritó. "Los hombres me atraparon y me molieron a palos".
Pero la zorra le respondió: "¿Por qué tienes que ser tan glotón?".
Al tercer día de salir juntos, el lobo, que andaba con dificultad y cojeando, volvió a insistir: "Pelirroja, tráeme algo de comer o te comeré a ti".
La zorra dijo: "Sé de un hombre que ha matado un cerdo y guarda la carne salada en un barril, en la bodega. Vamos por ella".
"Pero tú vendrás conmigo", dijo el lobo, "para ayudarme si no puedo escapar".
"Por mí, no hay problema", contestó la zorra, y le enseñó los caminos para llegar a la bodega.
En la bodega había mucha carne, y el lobo enseguida se puso a comer: "¡Aquí hay para rato!", pensó. La zorra tampoco se quedó atrás, pero mientras comía, miraba en todas direcciones y a menudo corría al agujero por el que habían entrado para asegurarse de que su cuerpo no se hinchara demasiado y le impidiera salir. El lobo le dijo:
"Amiga zorra, ¿por qué vas y vienes tanto, entrando y saliendo?".
"Estoy vigilando que no venga nadie", le respondió la astuta zorra. "¡Tú no comas demasiado!".
Pero el lobo replicó: "¡Yo no me voy hasta que deje el barril vacío!".
En ese momento, el campesino llegó a la bodega, porque había oído el ruido de los saltos de la zorra. Al verlo, la zorra saltó y escapó por el agujero. El lobo quiso seguirla, pero de tanto comer se había llenado tanto que no pudo pasar por el agujero y se quedó atrapado. El dueño cogió un buen palo y mató al lobo a golpes, mientras la zorra saltaba por el bosque, contenta de haberse librado del viejo glotón.
Esta historia nos enseña cómo la inteligencia y la moderación pueden salvarnos de las consecuencias de la codicia y la falta de previsión. La zorra, pensando en su propia seguridad, logra escapar, mientras que el lobo, centrado solo en su apetito, encuentra su final.

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